Una vez, leí que Dios actúa a costa de todo mal, y que nosotros somos verdugos o víctimas, jueces o culpables, somos los dedos de Dios.
Somos las fichas de un gran ajedrez en el que nadie sabe quiénes juegan. Dicen que uno no puede ser bueno todo el tiempo o acabará corrompido por la mayoría de gente que no lo es. En resumen creo que uno debe mantener un equilibrio ser y no ser, saber que lado de la moneda ofrecer a la vida en las distintas circunstancias en las que nos posicionamos. Estamos actualmente donde queremos estar, sino, piénsalo profundamente, te invito a meditar. Uno cree que no, unos dirán: quiero irme a Europa, quiero casarme, vivir en la playa, otros; emprender un negocio, estar en mi cama, ir a nadar, etc. Realmente no aspiramos a mucho. Yo escribo desde mi cama, y sé dónde quiero estar. ¿Pero mañana, dónde queremos estar? Uno debe aprender a jugar con Dios, no a serlo. Decir: Dios, déjame ayudarte, no importa qué me pase, si sufro será por ti. (¿Cómico no? Porque me creo atea, pero hablo de Dios. Soy como una reserva de enigmas, digamos que hablo de fuerzas divinas, universales ...en fin, lo que cada uno quiera creer.) Como iba diciendo, ajustarse cada uno la soga no te hace suicida, de todas formas es mejor por decisión que por sorpresa. A los conscientes nos queda bien ese estilo de collar. La recepción auditiva, sensorial, nos hace más atentos, podemos escuchar el aleteo de una mosca a cientos de años luz. Se nos llama visionarios, por eso la gente confía más en nosotros que en cualquiera. Otorgamos la ayuda de Dios. Llevamos la huella digital del mismo impresa en el cerebro. Cuando morimos, volvemos a resucitar. Sabemos que la muerte está besando nuestra sombra, y es ahí donde se debe quedar, invitarla en consecuencia sería un honor a la libertad. Principal escapatoria.
Acusar y delatar no es lo mismo, un simplón actúa como río y un pregón como piedra. La naturaleza es sabia dice mi vieja, y lo he comprobado. Como un dominó, poco a poco los que son fichas de este fantasmagórico juego se ponen una detrás de otra, como cuando las bailarinas de natación Olímpica y acrobacia van cayendo una a una al agua por estética y dominio, igual Dios, dice mi abuelo, lo hace todo hermoso, hasta las penas, solo el ojo del visionario, de las almas más despiertas pueden observar los actos divinos, aprender o maravillarse. Ya, la vida es una sorprendente maravilla, ¿entonces porque maravillarse a cada rato por las fortunas que nos suceden? Mejor aprender, aprender más y vivir en lo mundano, como un Dios o a su lado. Y si no resulta, hazte el loco. Tal vez ya lo seas. Tal vez ya lo somos. ¿Alguna vez han puesto agua de río en una botella transparente al sol durante días? Somos y debemos aspirar a esa paciencia y a esa caricia, ¿me dejo entender? El sol es como Dios y tal vez sea el único realmente responsable de la vida. Y nosotros somos como agua, siempre fue como nuestra placenta y con la caricia de los rayos que llegan hasta los lugares más recónditos y remotos de la tierra y a veces hasta del alma, emerge la vida. Así es la mano de Dios, comprensible, paciente, es como un abrazo de calor, que dá vida. Todos hasta el final de nuestros días necesitamos vitamina D.
Extraordinario ¿no? Cómo todo forma parte de un todo, "cada uno es una pieza indispensable del universo", decía Hush Puppy, en la película "Bestias del sur salvaje" de Benh Zeitlin. Todo es como un dominó, un juego, a veces un ajedrez, dependiendo. Al final somos participes de nuestro propio destino, somos el protagonista principal de cada obra maestra y cada una lo es de diferente manera. A los ojos del Sol, nadie pasa desapercibido.
Nadie se escapa de la mano de Dios. Es un hecho.
>Muy interesante.
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