Soy cuervo sobre cisne blanco,
alfombra de la Alhambra,
quieto ruiseñor en invierno.
Soy Freya en la montaña
cabalgando sobre mis deseos,
soy lujuria y saciedad en el nombre del perpetuo.
Soy Isis la sanación y el poder.
Soy maga, vibrante energía que renueva tus fuerzas y las mías.
Soy el sándalo de los templos que pasea meditativa.
Soy la diosa, soy volcán,
puedo ser la bruma en tu naufragio
y la malva en tu centro cósmico.
Soy Sekhmet en plena aurora,
soy la venganza, la ira,
soy la ciega, la que desata.
Soy la fiera, soy la experta,
soy la magia de mis puños, el veneno de mis ojos.
Soy Bastet, soy la casa,
la ruina de la selva el óbito en el grito, la serpiente de las ramas,
el rayo que la alumbra, el dolor de su mordida,
el gemido de tu boca, el sudor y tu olor...
Soy la tarotista, soy Afrodita,
soy transformación,
soy la del placer, esta vida; la seducción.
Soy los sentidos, soy los misterios.
Soy la que crea, la que enamora, la que embellece.
Soy la despierta, soy la luz, soy el cielo, soy Nut.
La bóveda celeste, la desnuda de las noches,
soy el trabazón de tus pies con mis pies de tu manos con mis manos.
La luz del último verso, al final del hoy y del siempre.
Soy cuervo sobre cisne blanco,
alfombra de la Alhambra,
quieto ruiseñor en invierno.
domingo, 2 de julio de 2017
martes, 13 de junio de 2017
----
El amor es un terreno pedregoso, cambia de forma de color, con cada paso hacia el sol, corres el riesgo de que ni siquiera el sol sea cierto, es un desierto de vientos fuertes, como agota el silbido del silencio, los párpados cargan el tiempo y llevan una luz de aquella mirada cautivadora, que no sabes cuando se apagará y al final poder cerrar los ojos y descansar. Entra en acción el mar que de pronto ahoga, y te encuentras de cabeza en otro mundo donde los ruidos no cesan, y el tiempo se transforma, de los párpados al nudo que se hace al hablar sin hablar, al gritar sin gritar, al respirar sin respirar, solo te queda el suicidio, cercenar la cabeza, desatar el nudo. La pregunta del "porqué" acontece tanto drama con algo tan bello, es irrelevante. Pero si morimos todos, fijemos en quién o en dónde dejamos los silbidos, el eco, los ruidos y esos hermosos y degollanudos nudos.
martes, 14 de febrero de 2017
Miedo
Miedo
Suelo sentirme frágil ante las miradas aparentemente comprensivas. Le tengo miedo a eso, a que me desarmen, a que me confronten todo el día, todo el tiempo. Utilizar el discurso de la sinceridad es un arma para debilitar, para generar mis fuerzas para el bien, no para el mal. Tengo miedo de no ser capaz de demostrar lo que profeso. A veces exijo que me cuenten sus fallas, todas y cada una de ellas, para alimentar mi seguridad. Solo le entrego mis miedos a quien me ama. Me da miedo llorar a solas en el baño y que a escondidas me escuchen, me da angustia de solo imaginármelo. Me da miedo a que me confiezen deseos inesperados por otra persona. Me da miedo abandonar todo y miedo a no abandonarlo. Miedo a no decidirme a tiempo, miedo a las peleas en público, a los gritos, los golpes, la muerte cercana, miedo de hacerme sufrir yo sola, de romperme. Me da miedo chocar en auto, en bici, moto o a pie. También quemarme las manos con agua hirviendo. Si te lo dijera como una broma, que tengo todas las fobias del mundo, por eso hago una lista: la muerte, el confinamiento, la lentitud, la altura, el sonido de los aviones, el miedo a la distancia, al último beso, también al primero. Le tengo miedo a las sopas frías, a una cortina mal cerrada, a un desayuno sola. Le temo a la soledad, a los sueños de amor. A los deja vu's. Le tengo miedo a no poder expresarme, comunicarme, no saber qué decir, que me dejen sin palabras. Miedo a leer en público, a escribir en público, a saludar a todo el mundo. Tengo miedo a la locura, a que me amputen una parte de mi cuerpo. Al mar, a los tiburones, a los cocodrilos, a los perros desconocidos, a las armas, a los dentistas, a la miseria, a la pobreza, a los insectos, a las multitudes agresivas, a la violencia, a estar con un desconocido en el ascensor, a la electricidad, a las ollas a presión, a los tanques de agua, a las calles vacías, a los estadios llenos, a la sangre ajena, a las casas desconocidas, a la policía, a los ladrones, a envejecer. Le tengo miedo al olvido. Miedo a la impotencia, miedo a que dejen de amarme. Miedo a que se burlen de mi en público, a las burlas a escondidas, a la hipocresía. Miedo a no tener la razón, miedo a que me engañen. Miedo a no perdonar. Miedo a ser excluida. Miedo a parecer frágil. Saber la verdad, miedo a no saber la verdad. Tengo mucho miedo a perder la vida de personas que amo. A los suicidios de amigos, miedo a no poder ayudar a todo el que lo necesita.
Suelo sentirme frágil ante las miradas aparentemente comprensivas. Le tengo miedo a eso, a que me desarmen, a que me confronten todo el día, todo el tiempo. Utilizar el discurso de la sinceridad es un arma para debilitar, para generar mis fuerzas para el bien, no para el mal. Tengo miedo de no ser capaz de demostrar lo que profeso. A veces exijo que me cuenten sus fallas, todas y cada una de ellas, para alimentar mi seguridad. Solo le entrego mis miedos a quien me ama. Me da miedo llorar a solas en el baño y que a escondidas me escuchen, me da angustia de solo imaginármelo. Me da miedo a que me confiezen deseos inesperados por otra persona. Me da miedo abandonar todo y miedo a no abandonarlo. Miedo a no decidirme a tiempo, miedo a las peleas en público, a los gritos, los golpes, la muerte cercana, miedo de hacerme sufrir yo sola, de romperme. Me da miedo chocar en auto, en bici, moto o a pie. También quemarme las manos con agua hirviendo. Si te lo dijera como una broma, que tengo todas las fobias del mundo, por eso hago una lista: la muerte, el confinamiento, la lentitud, la altura, el sonido de los aviones, el miedo a la distancia, al último beso, también al primero. Le tengo miedo a las sopas frías, a una cortina mal cerrada, a un desayuno sola. Le temo a la soledad, a los sueños de amor. A los deja vu's. Le tengo miedo a no poder expresarme, comunicarme, no saber qué decir, que me dejen sin palabras. Miedo a leer en público, a escribir en público, a saludar a todo el mundo. Tengo miedo a la locura, a que me amputen una parte de mi cuerpo. Al mar, a los tiburones, a los cocodrilos, a los perros desconocidos, a las armas, a los dentistas, a la miseria, a la pobreza, a los insectos, a las multitudes agresivas, a la violencia, a estar con un desconocido en el ascensor, a la electricidad, a las ollas a presión, a los tanques de agua, a las calles vacías, a los estadios llenos, a la sangre ajena, a las casas desconocidas, a la policía, a los ladrones, a envejecer. Le tengo miedo al olvido. Miedo a la impotencia, miedo a que dejen de amarme. Miedo a que se burlen de mi en público, a las burlas a escondidas, a la hipocresía. Miedo a no tener la razón, miedo a que me engañen. Miedo a no perdonar. Miedo a ser excluida. Miedo a parecer frágil. Saber la verdad, miedo a no saber la verdad. Tengo mucho miedo a perder la vida de personas que amo. A los suicidios de amigos, miedo a no poder ayudar a todo el que lo necesita.
domingo, 29 de enero de 2017
Perfidia
"Vestida únicamente de tu nombre,
hombre de sofocante enredadera,
las colinas andaluzas de sus pómulos
y el valle trémulo de su boca.
Navíos extraviados en tus ojos,
circulan sin puertos ni orillas...
tu nombre suena al romper el mar en las rocas."
(M.F)
hombre de sofocante enredadera,
las colinas andaluzas de sus pómulos
y el valle trémulo de su boca.
Navíos extraviados en tus ojos,
circulan sin puertos ni orillas...
tu nombre suena al romper el mar en las rocas."
(M.F)
miércoles, 16 de noviembre de 2016
Carta a un espejo
Entre cartas de papel sin mucho que decir, decidí dar una respuesta.
Me veía frente al tocador y mientras peinaba mi cabello. Conquistaba la ternura y endulzaba la inspiración que tentadora me llamaba a escribir. Mi cepillo viejo, casi como yo, me intentaba hacer llorar, me miraba fijamente como un cadáver y yo abusaba de él. Lo dejé delicadamente y con un poco de desdén, casi con miedo a sufrir como él. Recorría los objetos al rededor y todo esa danza desordenada que son mis pertenencias e intentar no reconocerme en cada una de ellas y en todo el conjunto a la vez, hasta que encuentro algo que no se me hizo familiar pero a la vez muy conocido: Yo. Era ese reflejo de niña boba que toca el espejo como si fuese abrirse al sólo contacto con los dedos, mágicamente. Pues, creo que mientras más lo toco más duro y frío se pone. Observo, ¿cómo un espacio lleno de tanto, puede estar tan deshabitado? Y las ropas negras, una seda de mala calidad y encajes del año de la pera, con un olor a guardado o más bien a escondido u oculto. Con arrugas que ya no son ni mías sino de todos, por todos, rugiendo por dentro la niña se agota, quiere llorar. Y con pesadumbre toco el piso. Veo el remolino del cielo acercarse a mi con cánticos de melancolía como bienvenida. Veo el cielo cada vez más y más cerca con ganas de absorberme, el universo quiere crecer, expandirse conmigo y voy cerrando los ojos, cerrando los ojos y me voy yendo al cielo a ser grande con él.
Cuando te tocan el espejo, hay que atender, la respuesta debe ser pronta y sincera.
jueves, 10 de noviembre de 2016
Un lugar para morir
Siento que se me agota la vida como quien tiene sed y solo traga la última gota en soledad. Yo inhalo mi único y último aliento.
Siento cómo disminuye mi vitalidad y a pesar de lo mano que pueda sonar o verse para otras personas, yo, lo disfruto. Sufrir siempre ha sido parte importante de mi vida, si no, ¿cómo vivir? El dolor es exquisito como veneno y como antídoto, nada más placentero que esta sana y formal droga de dramaturgia. Los párpados se abren y se cierran en ciclos más lentos, más elegantes se hacen los pasos. Y es que a la muerte se llega en calma, no hay prisa y hay que tocarle la puerta como quién pide la mano de una bella doncella.
Dicen que todos inconscientemente buscamos un lugar donde morir. Y me pongo a pensar en dónde sería mi lugar. Me gustaría desaparecer y que nunca me encuentren. Y es que no habrá lugar para mi supongo, siento que ando y ando y me veo caminar por todos los lugares y no hallo un lugar. Tal vez un bosque, quedarme muerta en la Copa de un árbol, treparía hasta una rama alta y cómoda y descansaría hasta que los gusanos y los pájaros me ayuden a desaparecer.
Que problema he creado en mi cabeza. No sé dónde morir. Y ahora viviré con el estrés de dónde iré a reposar mis huesos.
Hay que tomarlo como cosa seria. Uno no puede morirse por ahí no más como si no valiera nada. Hasta la muerte con dignidad. Valiosa ha sido ya la vida, honorable debe ser la muerte.
Siento cómo disminuye mi vitalidad y a pesar de lo mano que pueda sonar o verse para otras personas, yo, lo disfruto. Sufrir siempre ha sido parte importante de mi vida, si no, ¿cómo vivir? El dolor es exquisito como veneno y como antídoto, nada más placentero que esta sana y formal droga de dramaturgia. Los párpados se abren y se cierran en ciclos más lentos, más elegantes se hacen los pasos. Y es que a la muerte se llega en calma, no hay prisa y hay que tocarle la puerta como quién pide la mano de una bella doncella.
Dicen que todos inconscientemente buscamos un lugar donde morir. Y me pongo a pensar en dónde sería mi lugar. Me gustaría desaparecer y que nunca me encuentren. Y es que no habrá lugar para mi supongo, siento que ando y ando y me veo caminar por todos los lugares y no hallo un lugar. Tal vez un bosque, quedarme muerta en la Copa de un árbol, treparía hasta una rama alta y cómoda y descansaría hasta que los gusanos y los pájaros me ayuden a desaparecer.
Que problema he creado en mi cabeza. No sé dónde morir. Y ahora viviré con el estrés de dónde iré a reposar mis huesos.
Hay que tomarlo como cosa seria. Uno no puede morirse por ahí no más como si no valiera nada. Hasta la muerte con dignidad. Valiosa ha sido ya la vida, honorable debe ser la muerte.
sábado, 5 de noviembre de 2016
Microorganismo
Una vez, leí que Dios actúa a costa de todo mal, y que nosotros somos verdugos o víctimas, jueces o culpables, somos los dedos de Dios.
Somos las fichas de un gran ajedrez en el que nadie sabe quiénes juegan. Dicen que uno no puede ser bueno todo el tiempo o acabará corrompido por la mayoría de gente que no lo es. En resumen creo que uno debe mantener un equilibrio ser y no ser, saber que lado de la moneda ofrecer a la vida en las distintas circunstancias en las que nos posicionamos. Estamos actualmente donde queremos estar, sino, piénsalo profundamente, te invito a meditar. Uno cree que no, unos dirán: quiero irme a Europa, quiero casarme, vivir en la playa, otros; emprender un negocio, estar en mi cama, ir a nadar, etc. Realmente no aspiramos a mucho. Yo escribo desde mi cama, y sé dónde quiero estar. ¿Pero mañana, dónde queremos estar? Uno debe aprender a jugar con Dios, no a serlo. Decir: Dios, déjame ayudarte, no importa qué me pase, si sufro será por ti. (¿Cómico no? Porque me creo atea, pero hablo de Dios. Soy como una reserva de enigmas, digamos que hablo de fuerzas divinas, universales ...en fin, lo que cada uno quiera creer.) Como iba diciendo, ajustarse cada uno la soga no te hace suicida, de todas formas es mejor por decisión que por sorpresa. A los conscientes nos queda bien ese estilo de collar. La recepción auditiva, sensorial, nos hace más atentos, podemos escuchar el aleteo de una mosca a cientos de años luz. Se nos llama visionarios, por eso la gente confía más en nosotros que en cualquiera. Otorgamos la ayuda de Dios. Llevamos la huella digital del mismo impresa en el cerebro. Cuando morimos, volvemos a resucitar. Sabemos que la muerte está besando nuestra sombra, y es ahí donde se debe quedar, invitarla en consecuencia sería un honor a la libertad. Principal escapatoria.
Acusar y delatar no es lo mismo, un simplón actúa como río y un pregón como piedra. La naturaleza es sabia dice mi vieja, y lo he comprobado. Como un dominó, poco a poco los que son fichas de este fantasmagórico juego se ponen una detrás de otra, como cuando las bailarinas de natación Olímpica y acrobacia van cayendo una a una al agua por estética y dominio, igual Dios, dice mi abuelo, lo hace todo hermoso, hasta las penas, solo el ojo del visionario, de las almas más despiertas pueden observar los actos divinos, aprender o maravillarse. Ya, la vida es una sorprendente maravilla, ¿entonces porque maravillarse a cada rato por las fortunas que nos suceden? Mejor aprender, aprender más y vivir en lo mundano, como un Dios o a su lado. Y si no resulta, hazte el loco. Tal vez ya lo seas. Tal vez ya lo somos. ¿Alguna vez han puesto agua de río en una botella transparente al sol durante días? Somos y debemos aspirar a esa paciencia y a esa caricia, ¿me dejo entender? El sol es como Dios y tal vez sea el único realmente responsable de la vida. Y nosotros somos como agua, siempre fue como nuestra placenta y con la caricia de los rayos que llegan hasta los lugares más recónditos y remotos de la tierra y a veces hasta del alma, emerge la vida. Así es la mano de Dios, comprensible, paciente, es como un abrazo de calor, que dá vida. Todos hasta el final de nuestros días necesitamos vitamina D.
Extraordinario ¿no? Cómo todo forma parte de un todo, "cada uno es una pieza indispensable del universo", decía Hush Puppy, en la película "Bestias del sur salvaje" de Benh Zeitlin. Todo es como un dominó, un juego, a veces un ajedrez, dependiendo. Al final somos participes de nuestro propio destino, somos el protagonista principal de cada obra maestra y cada una lo es de diferente manera. A los ojos del Sol, nadie pasa desapercibido.
Nadie se escapa de la mano de Dios. Es un hecho.
Somos las fichas de un gran ajedrez en el que nadie sabe quiénes juegan. Dicen que uno no puede ser bueno todo el tiempo o acabará corrompido por la mayoría de gente que no lo es. En resumen creo que uno debe mantener un equilibrio ser y no ser, saber que lado de la moneda ofrecer a la vida en las distintas circunstancias en las que nos posicionamos. Estamos actualmente donde queremos estar, sino, piénsalo profundamente, te invito a meditar. Uno cree que no, unos dirán: quiero irme a Europa, quiero casarme, vivir en la playa, otros; emprender un negocio, estar en mi cama, ir a nadar, etc. Realmente no aspiramos a mucho. Yo escribo desde mi cama, y sé dónde quiero estar. ¿Pero mañana, dónde queremos estar? Uno debe aprender a jugar con Dios, no a serlo. Decir: Dios, déjame ayudarte, no importa qué me pase, si sufro será por ti. (¿Cómico no? Porque me creo atea, pero hablo de Dios. Soy como una reserva de enigmas, digamos que hablo de fuerzas divinas, universales ...en fin, lo que cada uno quiera creer.) Como iba diciendo, ajustarse cada uno la soga no te hace suicida, de todas formas es mejor por decisión que por sorpresa. A los conscientes nos queda bien ese estilo de collar. La recepción auditiva, sensorial, nos hace más atentos, podemos escuchar el aleteo de una mosca a cientos de años luz. Se nos llama visionarios, por eso la gente confía más en nosotros que en cualquiera. Otorgamos la ayuda de Dios. Llevamos la huella digital del mismo impresa en el cerebro. Cuando morimos, volvemos a resucitar. Sabemos que la muerte está besando nuestra sombra, y es ahí donde se debe quedar, invitarla en consecuencia sería un honor a la libertad. Principal escapatoria.
Acusar y delatar no es lo mismo, un simplón actúa como río y un pregón como piedra. La naturaleza es sabia dice mi vieja, y lo he comprobado. Como un dominó, poco a poco los que son fichas de este fantasmagórico juego se ponen una detrás de otra, como cuando las bailarinas de natación Olímpica y acrobacia van cayendo una a una al agua por estética y dominio, igual Dios, dice mi abuelo, lo hace todo hermoso, hasta las penas, solo el ojo del visionario, de las almas más despiertas pueden observar los actos divinos, aprender o maravillarse. Ya, la vida es una sorprendente maravilla, ¿entonces porque maravillarse a cada rato por las fortunas que nos suceden? Mejor aprender, aprender más y vivir en lo mundano, como un Dios o a su lado. Y si no resulta, hazte el loco. Tal vez ya lo seas. Tal vez ya lo somos. ¿Alguna vez han puesto agua de río en una botella transparente al sol durante días? Somos y debemos aspirar a esa paciencia y a esa caricia, ¿me dejo entender? El sol es como Dios y tal vez sea el único realmente responsable de la vida. Y nosotros somos como agua, siempre fue como nuestra placenta y con la caricia de los rayos que llegan hasta los lugares más recónditos y remotos de la tierra y a veces hasta del alma, emerge la vida. Así es la mano de Dios, comprensible, paciente, es como un abrazo de calor, que dá vida. Todos hasta el final de nuestros días necesitamos vitamina D.
Extraordinario ¿no? Cómo todo forma parte de un todo, "cada uno es una pieza indispensable del universo", decía Hush Puppy, en la película "Bestias del sur salvaje" de Benh Zeitlin. Todo es como un dominó, un juego, a veces un ajedrez, dependiendo. Al final somos participes de nuestro propio destino, somos el protagonista principal de cada obra maestra y cada una lo es de diferente manera. A los ojos del Sol, nadie pasa desapercibido.
Nadie se escapa de la mano de Dios. Es un hecho.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
